12 de mayo de 2009
Voy a poner un restaurante
Se me ha ocurrido poner un negocio; si; en época de crisis y de repente se me ocurre poner un negocio. Y además creo que va a ser un restaurante; pero no será un restaurante normal; será completamente diferente e innovador. Se va regir por las directrices que han marcado otros en otros campos; como el de las compañías aéreas y que tan buen resultado les ha dado ya que cada vez hacen su aparición más. Así, por lo tanto, en mi restaurante no voy a cobrar por lo que doy de comer; bueno; quiero decir que esa parte de la factura no será lo más importante. Lo más importante es que cada uno pagará según lo avispado que sea, y eso en estos momentos de crisis es un incentivo grande a la hora de reclamar clientela. Lo que yo pago por el producto es lo de menos; lo importante es que el de al lado haya pagado un poquito más que yo y que eso me haga pensar que soy más listo. Pero para eso hace falta unas determinadas normas que voy a intentar enumerar e ir explicando:
En primer lugar hay que saber que un plato de lentejas costará 10 euros; siempre y cuando se haya hecho la reserva con dos meses de anticipación.¡ Vamos a ver que es eso de llegar aquí en el último momento y querer comer! Si usted viene con prisas es por una de estas dos razones: tiene hambre o tiene que comer si o si por alguna razón; y eso se paga. En ese caso el precio del plato de lentejas será el doble.
Pero no se preocupe porque puede haber otra gente que tenga peor suerte que usted. Imagínese que habrá gente que haya reservado hace dos meses su sitio y sus lentejas y que no tienen plaza. ¿Y por qué? Se preguntará. Porque si viene mucha gente en el último momento a comer con hambre y pagando el doble, no les puedo dejar en la calle; eso estaría muy mal por mi parte. Pero como yo no quiero engañar a nadie ni quedarme con el dinero de nadie, a esa gente que se quedó sin lentejas, estarán los primeros mañana y si quieren les devuelvo el dinero y en paz; que a mí ya me rentado lo suficiente en el banco estos dos meses.
Otra norma son los horarios. Aquí se come a las 14.00 en punto y el que no esté sentado a esa hora se queda sin comer. Bueno, en realidad quiero decir que se come entre las 14.00 y las 17.00 h; que total tres horitas esperando las lentejas no es tanto tiempo, y menos con la televisión que he instalado en el comedor. Además, si no puedo servir las lentejas a las 14.00 no es por mi culpa, es porque el señor que me tenía que traer el bacon no ha llegado a tiempo y no he podido hacerlas antes. De todas las maneras, si a las 17.00 no he conseguido servir las lentejas, y para que todo el mundo vea mi buena fe, daré a los comensales un vale de 50 euros para que se los gasten en mi restaurante otro día dentro de los tres meses siguientes. Pero les aconsejo que hagan pronto la reserva porque si no les va a salir algo caro y no merecerá la pena. Sobre todo porque una cosa debo decir, y es que este vale no es acumulable a ningún tipo de aperitivo que por casualidad de la vida me apetezca dar ese día. ¡Si viene con el ticket, pues no hay aperitivo!.
Creo que fue ya hace dos años que subió mucho el jabón de lavavajillas y fue por esa época que yo empecé a darle vueltas a este negocio. Los precios los puse en base a aquello. Y pensaba que para no perder dinero, debería cobrar un plus por cada plato que sirviese porque tenía que lavarlo después y eso me conllevaba un gasto alto. Si; ya sé que ahora el jabón no cuesta casi nada, pero con todo lo que nos costó a los del gremio encontrar una excusa para ganar un poco más; como para dejarlo ahora que ya todos se han acostumbrado.
El local que he encontrado es pequeño; bueno, diríamos mejor que es acogedor. He decidido separarlo en dos partes; porque hay gente pudiente que tiene alergia a los menos pudientes; y gente menos pudiente que tiene aversión a los pudientes. ¡Y mi restaurante ante todo es democrático y con sitio para todos!
Y es por eso que lo he dividido; pero al mismo tiempo entrar todos.
Una parte será “bonita” dentro de mi limitado gusto, voy a ser sincero. Aquí habrá mesas redondas y sillas normales con respaldo. Las mesas tendrán manteles de tela y copas de cristal, cuyo lavado tendré que cobrar a parte. El lavado de los platos no lo cobraré porque ya lo añadí a la base del precio de las lentejas. Tendré que cobrar un poquito más, además, porque esas mesas redondas ocupan mucho. Donde me entran 6 mesas cuadradas solo me entran estas 3 mesas redondas. Se pierde mucho espacio y eso me hace perder dinero pero tampoco es cuestión de perder el gusto por los pequeños detalles. Se paga y listo, que yo no quiero ser un restaurante cualquiera.
La gente cada día es más rácana y no se quiere gastar nada. Esos irán a la otra parte. Aquí pondré mesitas cuadradas pequeñitas, para que sea más acogedor, y manteles de papel , cubiertos y vasos de plástico para que no estén obligados a pagar más. Yo siempre mirando por los demás. Creo que si en vez de poner sillas pongo taburetes pequeños sin respaldo, podrán comer uno o dos más por mesa; que tendrán por otro lado que compartirla. Estaría mal que se quedasen sitios libres en una mesa y gente en la calle esperando a comer mis lentejas.
Creo que finalmente, para introducirme de lleno en las nuevas tecnologías y ser un restaurante de vanguardia, voy a poner la carta con los platos en Internet. Es mejor, que la gente, para no perder tiempo, se la traiga leída y apuntados los platos que va a querer comer. Si tengo que esperar a que se decidan y tomarles nota yo, pierdo tiempo y dinero y eso lo tendré que cobrar a parte; por gestionarles la comida. Si tienen suerte y ese día estoy de buen humor o si las cosas me van muy bien, seré yo quien les sirva la comida. Pero que sepan que muchos de los días esto será autoservicio. Pero eso nunca se sabrá hasta el día en que se vaya a comer las lentejas. ¡Eso le dará emoción al simple hecho de comer lentejas!.
Me dicen que el ayuntamiento pone últimamente unas tasas muy altas para este tipo de negocios; y eso es algo que no ocurría hace dos años cuando pensaba por primera vez en mi restaurante o a lo mejor es que no me informé bien. Y una cosa está clara; yo no puedo estar todo el día pagando para que al final la gente venga a mi casa a sentirse feliz comiendo mis lentejas. Creo que para ser justos, esa tasa la tenemos que pagar entre todos; y bueno, total, después de lo que pueden llegar a costar las lentejas eso no es nada.
Pienso que con todas estas reglas puedo llegar a montar un restaurante diferente, aventurero, innovador y futurista. Puedo conseguir lo que ya otros han conseguido en otros medios. Que nunca se sepa lo que va a costar un plato de lentejas y eso va a hacer que ¡mis lentejas se valoren como si fuesen una obra de arte!.
Además lo que más me empuja a todo esto es saber lo felices que voy a hacer a gente que pagará dos o tres veces el valor de mis lentejas, cuando se enteren que hay gente que habrá pagado siete u ocho veces más.
¡Sí, decididamente pongo el restaurante!
Os pongo un ejemplo de lo que cuestan mis lentejas.
Plato de lentejas con reserva…………………..10
Suplemento llegada imprevista………………..10
Suplemento jabón lavavajillas………………… 2
Suplemento tasa ayuntamiento…………………3
Suplemento silla y mesa cómoda *…………...15
Suplemento otros jabones………………………3
Seguro de no perder la plaza **.………………3
Suplemento por toma de nota ………………….1
TOTAL ………………………………….46 euros
Base tomada sobre alguien que quiera sentarse cómodo y llega en el último momento a comer. No podemos asegurar el servicio hasta las mesas.
*da derecho a esperar turno en la barra con un aperitivo de la casa. No incluye tasa de jabón extra para mantel, cubiertos y copas.
**solo aplicable a los que abandonen la sala en caso de vómito repentino y jaqueca demostrable. No se reembolsará las salidas de sala por llamada al móvil.
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